El perro no puede decirte que le duele, pero te lo muestra
Los perros son maestros en esconder el dolor. Es un mecanismo evolutivo heredado de sus ancestros salvajes: mostrar debilidad podría hacerles vulnerables. Por eso, cuando observamos signos claros de dolor en un perro, frecuentemente el problema ya lleva tiempo presente. Aprender a leer estas señales es fundamental para su bienestar.
Cambios en el comportamiento
Un perro con dolor puede volverse más retraído y aislarse del grupo familiar. Puede mostrar irritabilidad inusual, gruñir o incluso morder cuando le tocas en zonas específicas (señal de dolor localizado). También puede dejar de hacer cosas que antes disfrutaba, como jugar, subir escaleras o subirse al sofá.
Cambios en el movimiento y la postura
La cojera es el signo más obvio, pero hay signos más sutiles: rigidez al levantarse (sobre todo por las mañanas), postura encorvada con el lomo arqueado, caminar más despacio que de costumbre, o proteger una extremidad o zona del cuerpo de forma sistemática. Los perros con dolor abdominal a menudo adoptan una postura de "rezo árabe" (pecho bajo, trasero alto).
Cambios en la respiración y vocalización
El jadeo en reposo o en situaciones frías puede indicar dolor. Los gemidos, quejidos o lloriqueos al moverse o al tocarle son señales claras. Algunos perros dejan de vocalizar por completo incluso ante dolor severo.
Cambios en rutinas básicas
Comer menos o negarse a comer, beber menos agua, cambios en los patrones de sueño, lamer o morder repetidamente una zona específica del cuerpo (puede indicar dolor interno o externo).
Qué hacer
Nunca administres analgésicos humanos a tu perro sin prescripción veterinaria: ibuprofeno, paracetamol y aspirina son extremadamente tóxicos para los perros. Ante cualquier sospecha de dolor persistente, consulta a tu veterinario.
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