La diabetes en gatos: más común de lo que se cree
La diabetes mellitus es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en gatos, especialmente en machos esterilizados con sobrepeso mayores de 8 años. La buena noticia es que un gato diabético bien controlado puede tener una excelente calidad de vida.
¿Cómo se desarrolla la diabetes felina?
La forma más común en gatos es la diabetes tipo 2, similar a la humana. El páncreas no produce suficiente insulina o las células del cuerpo no responden a ella correctamente. Como resultado, la glucosa se acumula en la sangre sin poder entrar en las células.
Síntomas de alerta
- Polidipsia: sed excesiva, el gato bebe mucho más de lo normal
- Poliuria: orina con mucha frecuencia y en grandes cantidades
- Polifagia: hambre constante a pesar de comer bien
- Pérdida de peso a pesar del apetito normal o aumentado
- Letargia: menor actividad, más tiempo durmiendo
- Marcha plantígrada: camina apoyando el corvejón en el suelo, señal de neuropatía diabética
Diagnóstico
El veterinario realizará análisis de sangre y orina. Una glucemia elevada de forma persistente (por encima de 250-300 mg/dl) junto con glucosa en orina confirma el diagnóstico. Un solo análisis no es suficiente ya que el estrés también eleva momentáneamente la glucemia en gatos.
Tratamiento: insulina y dieta
La mayoría de gatos diabéticos necesitan inyecciones de insulina dos veces al día. La técnica es sencilla y la mayoría de dueños la aprenden rápidamente. La dieta es fundamental: dietas altas en proteína y bajas en carbohidratos ayudan a estabilizar la glucemia. Muchos gatos con diabetes tipo 2 pueden llegar a la remisión si se controla pronto y bien.
Convivir con un gato diabético
La clave es la rutina. Inyecciones a la misma hora, comidas a la misma hora, monitorización regular de glucemia. Con el control adecuado, tu gato puede vivir muchos años con excelente calidad de vida.
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