El veterinario: la pesadilla del gato
Para la mayoría de los gatos, la visita al veterinario es una experiencia muy estresante. Con preparación y habituación progresiva, podemos convertirlo en algo mucho más llevadero.
El transportín: la clave de todo
El transportín no debe guardarse en el trastero y sacarse solo para el vet. Déjalo siempre abierto en casa, con una manta y premios dentro. El gato lo explorará, comerá en él y acabará durmiendo ahí voluntariamente.
Visitas de "no pasa nada"
Lleva al gato al veterinario sin que le hagan nada. Solo para pesarle y recibir chuches. Le enseña que la clínica no siempre implica algo desagradable.
En la sala de espera
- Cubre el transportín con una tela (menos estímulos visuales)
- Usa spray de feromonas (Feliway) en el transportín 30 minutos antes
- Pide esperar en un espacio separado de los perros si es posible
Durante la exploración
- Deja que el gato salga del transportín por sí solo
- Aporta premios muy apetecibles (atún, pollo)
- Habla en voz baja y tranquila