Los miedos en perros: muy comunes pero tratables
Casi todos los perros tienen algún miedo: a los fuegos artificiales, las tormentas, el ruido de la aspiradora, los coches, las visitas al veterinario o a determinadas personas. Estos miedos, si no se trabajan, pueden cronificarse y afectar seriamente a la calidad de vida del animal y del propietario.
Qué no hacer: los errores más comunes
Consolar en exceso: acariciar y hablar en tono suave al perro asustado refuerza el miedo (le confirmamos que hay algo por lo que asustarse). Lo correcto es mantener una actitud neutra y tranquila. Forzar la exposición: exponer al perro de golpe al estímulo que teme (inundación o flooding) puede traumatizarle más. Siempre debe ser gradual.
La desensibilización gradual
Consiste en exponer al perro al estímulo temido a una intensidad tan baja que no genere respuesta de miedo, combinada con algo muy positivo (el mejor premio, el juego favorito). Gradualmente se aumenta la intensidad del estímulo manteniendo siempre la asociación positiva.
Ejemplo para miedo a los truenos: empieza reproduciendo una grabación de truenos a volumen muy bajo mientras el perro juega o come. Muy lentamente (durante días o semanas), aumenta el volumen. El objetivo es que el perro llegue a asociar el sonido del trueno con algo bueno.
El contraacondicionamiento
Complementario a la desensibilización. Mientras el perro está expuesto al estímulo temido (a baja intensidad), le damos premios de alto valor de forma continua. Buscamos cambiar la respuesta emocional: de miedo a anticipación positiva.
Cuándo buscar ayuda profesional
Las fobias muy intensas, los miedos que incluyen agresividad o los que no mejoran con semanas de trabajo requieren la intervención de un etólogo o adiestrador especializado en modificación de conducta.